La DispoSicion


 

1º Feria de Librerías de Viejo de la Ciudad de Rosario






 



 

 

1ra Feria de Librerías de Viejo de la ciudad de Rosario



Los días 16 y 17 de diciembre, en el local de CIDEL,  Maipú 835, en el horario de 10 a 20 hs., estará abierta al público la 1ra Feria de Librerías de Viejo de la ciudad de Rosario.

Se ofrecerán a la venta libros usados,  antiguos, descatalogados,  raros,  primeras ediciones, al alcance de lectores y coleccionistas.


Libros de todas las disciplinas y  todos los precios


Entrada libre y gratuita.


Invitan:


Librería Amauta

Librería El Lugar

La Pluma Libros

Librería El Caburé

Librería Argonautas

Armando Vites Librero Anticuario

Antigüedades Deportivas

Librería El Pez Volador

Libros Macedonio

 

¡Los esperamos!


¡Favor de reenvíar!





Mimesis Aguada....


Siguiendo con las mimesis, acá va otra emulando (haciendo ese imposible intento) a Lorena Aguado, extrañamos que escriba, entonces la copiamos (culpa suya)

Estilo> Aguado




Espantapájaros al sol

Las novedades del día me asombraron. Recordé que casi nunca discuto lo que dicen los noticieros y eso me hizo sentir normal. Lo observo pasar y acepto todo antes de que caiga la noche. Todo se vuelve una versión torcida de la indiferencia. Hay cosas que no me agradan pero a nadie le importa, pienso que hay cierto glamour en el desinterés y aún no puedo dormir.

El conductor comenta que en Acebal un gato vino al mundo con dos cabezas distintas. Qué pasa si cada una quiere cosas diferentes? Digo en voz baja que eso no tiene ningún sentido. Quiero pensar en algo que me aburra y ayude a dormirme. Pensar: “Los chicos van a estar espantados…” pero sólo puedo imaginar el dilema de un solo cuerpo con dos caminos distintos. Me doy cuenta que no soy ajena a esa tragedia, que yo también estoy sometida por algún tipo de encrucijada.

Escucho mis latidos resonar en el vacío del departamento. Imagino el pasillo, los pisos, el ascensor, la puerta antes de la oscuridad de afuera. Caigo en la cuenta de lo lejos que estoy de todo lo que busco, y entonces sueño con ser un espantapájaros blanco en un campo o esos pastores que sólo existen para ver salir el sol. Me repito: no todo es tan malo. El gato de dos cabezas observa asustado los rostros que lo aplastan en su caja de cartón. Entonces temo por mí y por el animal maldito. Y quiero salir a la calle para abrazar el frío de este otoño que vuela. Y hablar de asuntos livianos con la gente en las vidrieras. Y olvidar que esa dicotomía me encierra como el insomnio en esta noche de nadie. Me digo: no estaría mal que estuvieras ahora conmigo.

Entonces prometo que mañana todo será distinto, y aprieto los párpados hasta que arden, y rezo en silencio por la pena en el alma del felino. Será posible vomitar los nudos que hoy me aferran? El locutor recomienda una novedosa pasta dental, es bueno que el mundo avance a pesar de mí.

Mimesis! Textos cortos, chinos, innecesarios....




Tsui Zen, avisado del fin de la Era Segunda y de su muerte inminente, caminó en soledad por los jardines del palacio. Buscaba encontrar el perdón sagrado a su gobierno de sangre cuando cayó dormido luego de meditar largas horas sobre un atado de ramas secas. En su sueño, Tsui Zen se arrodillaba ante el Sublime y enunciaba las palabras que lo redimían para siempre. Despertó (creyó), con claridad y calma. Escuchó el canto sereno de las tierras prohibidas replicado en el aura de sus ojos. Al llegar al palacio, el emperador vio el humo y las llamas, vio las columnas cediendo ante el ejército sublevado, vio a un hombre arder en postura de súplica a la mirada de todos. Adivinó que ese hombre era Tsui Zen, que el fuego lo envolvía entre la sequedad de las ramas. Comprendió que la redención del calor es un anhelo tan vasto, lejano e imposible como lo es el secreto de la vigilia.

Del Libro de los Conjurados

Sobrevivientes - Dedicado a Sil: que escribe color Violeta


Sobrevivir al cuento
al absurdo
al hito
rutinario hecho que remonta

Hoy te pido
los cien perdones que da el karma
el olvido y la tristeza pura de los vacíos de espiritu

No me pidas la esperanza,
yo la pierdo,
la he perdido
como a todo

vamos de la mano
entonces
este camino de nada
se abre como se abren los ojos del que despierta
mientras ve
pasar el día
su quimera
sobrevive al tedio
y resucita un poco

dibuja en sus manos,
los colores, las trazas.

hay
sobrevivientes

ingrávidos
ingratos
indelebles
razones
para seguir

aún
(es cierto)

no lo he hecho
mi vecino, yo
(es asi de triste)
tenemos
algo así
como un juego:
el dice
"no me aguanto
ya, esta vida"
yo cierro los ojos
me remonto
es un descuido,
a otro tiempo
a otro espacio

digo que le creo
el nunca responde
nuestros días
transcurren
calmos
no sabemos ser
si no lo somos así

Vida, americana, si, claro, para llevar




Entonces hace falta un can
el sillón de plumas justas
artificios de guirnalda
(tal vez)
por qué no.
Cotidianas compoteras blancas
y el mantel:
tan siniestro como un ruego
quiero ver esos ojos
guiñar
(cable, cocina, living-comedor)
repetir después de mí:
ya lo creo,
soy,
tan,
tan,
feliz.

Poesia? Express!


Tirame lo primero que se te venga a la mente, preparados, listos, llave.

Algo por el estilo

Uno sabe

algo no anda bien

En el rubro:

Vocación

Al momento de ver a ese,

dejar el trabajo

En el momento exacto en que el turno

termina

Caput

Dos

Tres

días

Seguidos

Hago lo mismo

me digo entonces:

Algo

no anda bien

Hay que ver las cosas que pasan

Un tipo se tiro de un Mercedes

detenido

Una mujer sueña

Con ser: aquella

Mira el reloj circular con cautela

se apura en el camino

A casa

"te juro,

lo soñe,

mañana

todo va a ser

distinto"

A los Posibles Lectores





Este es un libro como cualquier otro. Pero me
sentiría contenta si fuese leído sólo por personas de
alma ya formada. Aquellas que saben que la aproximación,
a lo que quiera que sea, se hace gradual y
penosamente -atravesando incluso lo contrario de
aquello hacia lo cual nos aproximamos. Aquellas
personas, sólo ellas, entenderán muy lentamente que
este libro nada le quita a nadie. A mí, por ejemplo,
el personaje G.H. me fue dando poco a poco una
alegría difícil; pero alegría al fin.

Clarice Lispector - Prefacio La pasión segun G.H.

Cuerpo

 

Titulo

Porque sí





Si te gusta un color

o el blanco de tejas dormidas

(el viento)

puede que no seas nada usual

A la carga entonces:

y hay un ritmo, se te pega al oído

sabes tararear ida y vuelta

la misma canción.

Ay,

el monótono/el incierto

hace falta decirlo.

Hay entonces un mundo como la duda

te grita el tren, las vías

y ese deseo de irte,

una piedra en el zapato.

No avancemos con pena,

ese escalofrío te brota

ahí, detrás de los hombros

me dice: - Estás vivo

Hay cosas mejores

tiempos mejores

(pájaros, guirnaldas armadas con papel)

Vivimos en el durante

nos perdemos en el cómo

Entendemos,

el soplo ligero de alegría o satisfacción

que nos llama

nos junta

nos brinda,

con la razón exacta/única

del porque sí.

Hist4ria 4n par4es - cu4rta p4rte




Pero en el fondo (si reflexionamos a conciencia) hay pocas cosas que no tengan solución. Esto me ayuda a creer que quizás yo misma tenga remedio y tal vez de eso hablaba aquella malabarista en la avenida del Corso, puede que sea ese el gran evento que se acerca. Igualmente no guardo muchas esperanzas. Luego de que M partiera como un pájaro escapando del frío (el frío vendría a ser yo), mantengo un procedimiento simple y que guardo con recelo: no es bueno llenarse de grandes expectativas. Me alegro con pequeñas cosas y abrazo el mínimo desliz de lo cotidiano agradeciendo al cielo y a los signos. M sabía fastidiarse si me largaba a leer el horóscopo un domingo por la mañana, pero yo quiero creer en las estrellas y los planetas y ese tipo de cosas que nos rodean. Quizás relacione ese enjambre de esferas con todo el tema de los malabares y los objetos libres, el aire y el azar tienen todo la carga mística que algo pueda tener. Eso nadie me lo puede negar.

Ayer mientras buscaba el camino al almacén un chico de ojos saltones miraba fijo la cadena de su bicicleta, yo creo que intentaba descifrar el enigma del mecanismo, y su cara se iluminaba como un trueno con cada falso avance o descubrimiento. Puede que alguien alguna vez haga lo mismo, en una lucha concreta por reconocer las claves detrás de mí y los laberintos vacíos de mi funcionamiento, y se pierda para siempre prolongando estos minutos que me unen al chico de ojos saltones. Entonces de pronto gira y me observa extrañado: esas pequeñas cosas lo son todo y hay muy pocos, son poquísimos los que de veras lo saben.

Un comentario nomas


Todo parece ser.



His3t3oria 3n part3es - T3er3er3 3arte 3arte 3arte


Tengo obsesiones. Eso es terrible, pero quien no las tiene y de esto concluyo: la vida entera es terrible. Aún así me resigno en la desesperación como un lugar certero y común, no van a oírme por allí quejándome de las cosas. Nunca. Lo comentaba y viene a cuento por el tema de los malabaristas. M los llamaba estafadores callejeros y hacía una graciosa (a pesar de él) imitación de sus caras empapadas de concentración fingida y corrupción silente. No es mi culpa si los hombres se regañan entre ellos, tengo una obsesión por este gremio de lanzadores-receptores y vuelvo al antes de M, disfruto tanto ese volver a los inicios que me da escalofríos. Es difícil aceptar la existencia antes de M. Soporto las espadas, prefiero el arrojar de esferas de goma o breves elementos de madera o de cristal flotando en el éter, la sutileza del pasaje entre las manos me llena como una lluvia. Puedo encontrar el foco aunque repitan que no es cierto y resulta ser que conozco a una malabarista entre todas que me llama por nombres que inventa (esta claro no soy Gelivetta) y que a pesar del mundo, sabe convencerme en tiempo de semáforo y rojo, que algo grande esta por venir.


Sigue, no va a quedar ahí, eso es obvio



Hist2ria en part2s - S2gunda p2rte


Hay días distintos al resto de los días. Yo no los tengo. Es mi obligación decirlo: soy una chica bien, y me sumerjo en la rutina uterina, (y pido disculpas por la rima, son dos palabras que necesito decir cada tanto) es un placer inofensivo que mantengo. Y puede ser que hablando de tipos extraños, Arcimboldo, Hemingway, se me haga evidente el hecho, incuestionable la certeza de que hay personas fuera de mí y de lo que soy. Quisiera que más gente conozca a este tipo, italiano, Arcimboldo. La pasada semana me enredé con un chico de aspiraciones grotescas, él pretende ser un creativo en estado llano, yo le dije que no hay nada de puro en la creación, que las mentes se tuercen si se dedican de lleno al pensamiento abstracto. Sin embargo el insistió en su idea como un caballo cansado. Le respondí que le faltaba convicción, que no es buen punto de partida discutir este tipo de cuestiones frente a una mente insensata (soy una chica que raramente entra en razones) y sabía mientras lo decía que me condenaba. Nadie nunca me va a querer como lo hacía M, el recto y prolijo de M, y esa conclusión es vacía y muy probablemente infundada, aún así yo creo que inventar este tipo de miedos, es una tarea absurda y repetitiva que me da causa y me mantiene viva de alguna u otra forma.


Continua... y prometemos, van a aparecer malabarista/s, (muchos o pocos) nunca se sabe con certeza

Historia en partes




Quisiera que más gente conozca a este italiano: Arcimboldo

Por este entonces yo voy obsesionada con Irving y los dibujos surrealistas de un tipo italiano que nadie conoce y se llama Arcimboldo o algo por el estilo. No estoy bien, y con eso me refiero al general, soy una persona que “no esta bien” en general. Paso la noche intentando comunicarme con M aunque claro, ya no va a volver a atenderme después de lo que hice. Me cuadran ese tipo de cosas, llamar sabiendo que nadie va a acudir al grito hueco que soy yo, el sin sentido me queda bien, como una ropa usada. También salgo a veces y voy a ningún lado o compro cosas sin saber para qué o voy a casas de copiado e imprimo algo de Arcimboldo. El lunes pasado me hice de unas esculturas para patio, no es raro: sucede no tengo patio donde ponerlas y ahora las dejo en una estantería que sabía estar llena de libros. Los fui prestando y ya casi no quedan, hoy solo extraño una novela de Hemingway en la guerra civil española, el yankee que luchaba con los republicanos hablaba como Hemingway, pensaba como Hemingway, creo haber tenido la idea cierta de que era de hecho Hemingway y esa idea no era original ni lúcida pero aún así me gustaba.


Continúa...

No al agite







Y no se olvide nunca:
si de repente estamos,
si es casualidad
o designio
si vale la pena
si no
¿a quien le vale el ser?

Fíjese que no estamos para la respuesta
somos un trago largo, un completo estado de culpa,
un ritmo, una pregunta,

y que no se corra la bola
Las cosas
nunca fueron,
distintas

no agite
no inspire
no duerma
no rece
no cuente
y es:
tanto
mejor
así.

No me ama - Cortometrajes!



Es de martin piroyasky, que no me discuta el espacio, si ella se mete todo mal....

Onda


Peores cosas

No hay nada peor que la rima,
eso no es cierto,
hay algo más terrible:
la duda,
y otras cosas que no vienen ahora
al caso
mejor olvidate,
te juro
hacé de cuenta
no dije nada.


En el dpto. de enfrente






En el dpto. de enfrente

Hay un chico de rastas

Se peinará, el pelo

con una rama

(dice el vecino a la derecha)

No se puede aguantar su olor a humo

(ríe el portero en mameluco Pampero)

Yo lo castigo con pedidos cotidianos:

guarda en sus cajones de teen rebel

el arsenal de cuchillos y pela papas

que todo joven admira,

con destreza de acróbata (ruso/chino)

lanza elemento cada en un recorrido curvo inter-ventana

maniobra la madera y la cuchara,

entrel caos laberinto de ropa tendida

Y grita: de nada,

y grita: no hay rollo,

y grita: no jodas

Dame dos razones (chico de rastas),

yo quisiera verte distinto, //me enseñaron tan mal,

acomodar esa visión

en un folleto, en un discurso sentido, en un mensaje corto que cruce

este clima frío de miradas

esta insistencia de martes

y apague como un rio el invierno en fuga de voces hambrientas

de corazones tibios y blancos

de conclusiones torpes

el consorcio ruge como el ascensor que habrá pronto que cambiar

(no son las poleas ya seguras)

yo escucho el zigzag oscuro antiguo arenoso en tus parlantes de tercera

(¿esa melodía no hierve en las radios?)

You’re bringing me back to life

You’re bringing me back to life

Y asi.

Ciclo/Sendas Unplugged?

Y se juntan

Leen ¿por qué? (En voz alta), nadie sabe…

BiciSendas (¿Unplugged?)

Hasta el martes!



Abelardo! - La madre de Ernesto





http://www.barcelonareview.com/36/s_ac_2.htm

Cuento La madre de Ernesto leido por Alejandro Apo

El guardián en el centeno - Robert Burns/Salinger!





A través del centeno, pobre chica,
A través del centeno,
Arrastraba las enaguas.
A través del centeno.

Si dos personas se encuentran
A través del centeno,
Si dos personas se besan.
¿Tiene alguien que llorar?

Si dos personas se encuentran
A través de la cañada;
Si dos personas se besan,
¿Tiene el mundo que saberlo?

Jenny es una pobre chica empapada;
Jenny casi nunca esta seca;
Arrastraba las enaguas,
A través del centeno.


Este es el poema de Rober Burns del que habla Holden Caufield en mi parte preferida del guardian en el centeno, cuando le dice a su hermana Phoebe que le gustaría hacer de su vida. De mis favoritos libros...


No sé si Phoebe entendía o no lo que quería decir porque es aún muy cría para eso, pero al menos me escuchaba. Da gusto que le escuchen a uno.

—Papá va a matarte. Va a matarte —me dijo.

Pero no la oí. Estaba pensando en otra cosa. En una cosa absurda.

—¿Sabes lo que me gustaría ser? ¿Sabes lo que me gustaría ser de verdad si pudiera elegir?

—¿Qué?

—¿Te acuerdas de esa canción que dice, «Si un cuerpo coge a otro cuerpo, cuando van entre el centeno...»? Me gustaría...

—Es «Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo, cuando van entre el centeno» —dijo Phoebe—. Y es un poema. Un poema de Robert Burns.

—Ya sé que es un poema de Robert Burns.

Tenía razón. Es «Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo, cuando van entre el centeno», pero entonces no lo sabía.

—Creí que era, «Si un cuerpo coge a otro cuerpo» —le dije—, pero, verás. Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adonde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura.

Phoebe se quedó callada mucho tiempo. Luego, cuando al fin habló, sólo dijo:

—Papá va a matarte.



Pensar en papel




Y si me miras y no sabes como:

Llegaste hasta este punto y no sabes:

Cuando empezó todo y por qué:

(Caminas y esa fatiga se te viene como un calambre al muslo).

Ya será hora de que entiendas lo confuso en las razones, recapitulemos y es mejor así,

ya hay lunes para afligirse, políticos en carteles, lluvia ácida y carteras de mil + pesos.

Entonces eso no basta y me miras sin saber como

Llegaste a este punto y no entendés: el comienzo de esta fatiga y del todo

Claro que no es tan terrible, creo que no

Supongo: sea normal,

Quizás sea siempre fui tan corto

Y Tal vez (no estoy seguro)

a todo el mundo le pase.

Resumen del día de ayer (que no es exacto, no tanto, claro)



Ayer hubo cosas que pasaron:

Un tipo dudó si decirle para el cine, para el teatro, si decirle

Una mina,

(una moneda en la mano) en el cole miró rosario como sabiendo era la última vez

Y en esas también: un cartel gigante de va por gobernador ya se fue, caput, no esta más

doscientos, por dar números, chicos aprendieron: no se dobla en U.

Y un montón de diarios se tiraron, se imprimieron, se leyeron, se juntaron, se tiraron,

porque sí. Hays menos gentes solas ens las calles.

El ozono no da más: y el merval y los bonos, y el calor de esta tarde se dejo venir como una dicha en los postes,

en la cara de alguien que no entiende el porque de los textos,

en las sillas, en los trenes:

en el techo de un auto,

en la parte curva que empieza en la boca, ahí: en el labio

y recorre curva, ese blanco inexacto recorrido

entre el suspiro

y la parte más suave de una nariz.

John Donne - Por quien doblan las campanas?

Asi empieza el libro de Hemingway, trata de la guerra civil española, la historia de un extranjero socialista que se suma a la causas para reforzar el frente republicano. Lo cierto es que Hemingway, como el personaje de la novela Robert Jordan, participó del conflicto como corresponsal de guerra, tuvo una vida más que interesante el tipo este... El libro es largo pero vale la pena leerlo. Siempre me encantó este poema de John Donne, aca va:



Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra.; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti.


No man is an island, entire of itself; every man is a piece of the continent, a part of the main; if a clod be washed away by the sea, Europe is the less, as well as if a promontory were, as well as if a manor of thy friend's or of thine own were; any man's death diminishes me, because I am involved in mankind, and therefore never send to know for whom the bell tolls; it tolls for thee.

John Donne - Devotions Upon Emergent Occasions - Meditacion XVII

Un cuento - La espera


Como paso tanto tiempo sin ningún post/un post de relleno, vamos por algo mas largo, este es un cuento/relato dedicado a un profe que me contó alguna historia de Augusto Roa Bastos, al que la quiera saber avise y la pego en el blog o en facebook. Aca va el relato, también para Teru y la Caro Musa, que lo leyeron sin chistar:


La espera

A Koky Anton

Se dejó entonces llevar por el eco de los sonidos en el recinto hermético. Sus dedos rozando las paredes húmedas. La llovizna golpeando el tanque en los lados. Una nube gris en silencio, imaginó, viajaría inútil por sobre su cabeza empapada en el mismo momento en que otro golpe de madera vencida se dejara venir desde la casa más abajo. El lugar, igual: la curva breve rodeando sus brazos algo pálidos ahora por la insistencia del agua y el frío. Los había llamado jyva en los ríos de Iturbe, se había bañado con los dueños de esa otra lengua perdida por el cemento y la faena de la metrópoli, respondiendo a la sonrisa ingenua con la mueca torpe del blanco. Ahora esperaba en este presente de Asunción, los había pensado de a uno: cualquiera de los tres hombres abajo, se dijo, llevaría un fusil colgado en su hombro derecho, largaría en susurros “por aquí no”, anunciaría a través del cigarrillo ya gastado que no hay rastros de Augusto en el sótano ni en el patio trasero. El segundo no giraría la vista, más ocupado en descuartizar los cajones de la cómoda, exagerar la búsqueda y los movimientos, convulsiones violentas y concentradas en el refugio donde la única foto de los chicos en Iturbe, dónde todo era lo mismo, y el día era la calma. Porque el líder permanecería alerta y silente, apostado en la poltrona que descansa a un lado de la puerta de entrada, vigilaría el operativo acariciando automáticamente la medalla gastada de algún santo sobre su pecho, San Jorge a caballo, San Francisco atestado por pájaros grises. Sería gordo, puede que sea gordo. Arriesgó que no habría forma de que cupiera en su tanque de agua, se alegró en la sutileza de su abdomen, en la existencia y las alternativas.

Se había despertado pensando: con suerte quizás lo hayan olvidado todo, todo y a partir de hoy va a ser distinto. Somos rojos pero iguales a los otros, casi y la mañana pasó en La Redacción como las demás, terminó con el escapar y los techos, el terror y los hombres de pies descalzos. “El final a menudo sorprende” se dijo, mientras aferraba los bordes y la tapa y el rumor de sus huesos crujía agotándose en la espera y sus manos blancas. El primero, arriesgó, se divertiría ahora, muy por debajo del agua confinada, pasando el tapial de losa, el cielorraso de tablas, pateando los muebles, dibujando en la madera figuras geométricas con un cuchillo de mango corto, rombos, estrellas, polígonos corruptos como la mirada del gordo y sus ojos terribles, su manera grotesca de sonreír de lado. Porque volverían con Augusto hundido en una bolsa de yute, lo habría dicho el jefe, darían marcha al Citroen, al Ford, con el tipo adentro, porque del auto sólo sabía él un grito de ruedas rebasando el frente de la casa, el correr y las escaleras hacia la terraza a oscuras, el salto, el tanque, el agua, por alguna razón Ford, se repitió Ford con seguridad, la mínima certeza le dio consuelo frente al tiempo goteando como los cantos del tanque ahora, mientras la lluvia se adentraba por los poros y la calle, y los truenos y la furia de la noche se confundían con la furia de los tipos y el no encuentro y la espera.

En Iturbe amanece temprano, el grito de la mañana se funde con el grito de los vados, de los hombres que nacen como espigas de trigo, como el día entre los árboles sobre el río de aguas que fueron sangre, de las cañas y el azúcar. Dirigía, sintió algo similar a eso, la vela de sus pensamientos, y fue el salto temporal alivio para las piernas cansadas por la postura oblicua en las paredes curvas, observando el negro en el fondo líquido oyó (creyó oír) al gordo llegar a su punto de inflexión, alguna frase seca y de efecto: “si serán miserables” y el primero prendiendo el último cigarrillo del paquete, deseando el fin también o la aparición estridente de Augusto por la puerta, con una bolsa de pan, el cambio en una mano, la cara vencida por el desconcierto de los tres tipos en su casa. Despacio, muy despacio, no darían lugar ni tiempo a preguntas que no hacían falta, si con qué fin, y el golpe sería presto, en la base del estómago, daría un giro y caería para siempre en la bolsa de yute, en el Ford, en el rectángulo sin puntas, porque de joven no había logrado hacerse dueño de los lugares, sabía de la eterna ida y su padre en Iturbe resonaba entre la cavidad redonda que era ahora el refugio uterino de la espera: en el mundo habrá Augusto, gente que llevará tu mente como en hilos te apoderas del movimiento de la pesca, y te irás entre los botes de la coherencia, sabrás reconocer el camino falso, espero, había sabido aislar el discurso tal cual dicho, los santos observando desde el altar, San Jorge, San Francisco, tal y como observaban luego las actitudes en el partido, ese esconderse a la luz de los flashes, ese pensar en las formas y la clase que de veras hace el trabajo, forma este país desde las bases. Lo intuyó mucho tiempo después del diario y La Redacción, ahora aceptó en silencio la certeza de que finalmente el frío proseguía en su tarea lenta e implacable, movió los dedos de los pies sólo para asegurarse de su probable acierto en la idea de los pocos minutos hacia a la nada de la inconsciencia. El segundo finalmente guardaría su ira junto con sus manos en los bolsillos, y el consejo de llamar por radio a la estación le saldría como un eructo por entre los dientes perfectos, porque supo escuchar otro auto detenerse más allá del portón al Este, y las voces de los niños en los campos de caña: Augusto, Augusto, que será, será de ti, el gordo arriesgaría que sólo resta por revisar los techos y la terraza, con esta lluvia, sí, claro que sí. Cada escalón y dejó su mente vagar por entre los ritmos y los pasos, y el ascenso se volvió nítido a través de los truenos: dos tipos subiendo, la tormenta atacando los flancos del tanque, la gente tan amable en el Partido, tanto, su manera de inflar el pecho con cada texto de Augusto. Pensó en los colores tristes de las calles solas de Iturbe, en el aroma a pasto reseco, cortado, en los rostros ajados por el sol y el viento leve sobre las cañas de azúcar.




Hoy: Posts de relleno - Tema: Llego el otoño! (y algo de Carver relacionado con el otoño)


Llego el otoño!







"No me interesan los poemas bien hechos. Al verlos, mi tentación es decir: Ah, pero no es más que poesía. Yo busco algo distinto, algo más que un buen poema". (R. Carver)

Del reportaje publicado en Paris Review en 1983 (Mona Simpson y Lewis Buzbee) Traducción, Mirta Rosemberg, Diario de poesía, otoño de 1989:

El fenómeno

Me desperté destruido. Dios sabe

dónde anduve toda la noche, pero me duelen los pies.

Más allá de mi ventana, se está produciendo un fenómeno.

El sol y la luna penden lado a lado sobre el agua.

Dos caras de la misma moneda. Me levanto de la cama

lentamente, casi como un viejo que maniobra

para salir de su cama mustia en el invierno y que por un momento

ni siquiera puede orinar. Me digo

que ésta debe ser una situación transitoria.

En unos años, ningún problema. Pero cuando vuelvo

a mirar por la ventana, el sentimiento me da una estocada.

Una vez más, la belleza de este sitio me arrebata.

Mentía si alguna vez dije lo contrario.

Me acerco al vidrio y con lo que ha pasado

entre uno y otro pensamiento. La luna

se ha ido. Se ha puesto, al fin.


La pucha Ernesto...


Una partecita de Sobre Heroes y Tumbas, el capitulo XI que me gustaba de chico y parece tan actual, hay un ensayo de este grande que se llama Hombres y engranajes, esta muy bueno si tienen tiempo.

Duele un poco cuando se va este tipo de gente, aunque uno lo espere y lo entienda, lo sepa y lo acepte. No nos gustan las despedidas y eso es general y cliche y vale para todos. Dijo Bacon que la vida es el eterno retorno, que todo conocimiento es recuerdo, que toda novedad no es más que lo llano del olvido, porque la llama se va pero el calor queda, la obra y el afecto de los que miramos su esencia en un libro, en un texto, comprendimos su inquietud y su alma, entre el bullicio y el vaivén de un viaje en colectivo.


Esa noche, mientras Martín deambulaba por la ribera empezó a llover después de largos, ambiguos y contradictorios preparativos. En medio de continuos relámpagos comenzaron a caer algunas gotas, vacilantemente, tanto como para dividir a los porteños —sostenía Bruno— en esos dos bandos que siempre se forman en los días bochornosos de verano: los que, con la expresión escéptica y amarga que ya tienen medio estereotipada por la historia de cincuenta años, afirman que nada pasará, que las imponentes nubes terminarán por disolverse y que el calor del día siguiente será aún peor y mucho más húmedo; y los que, esperanzados y candorosos, aquellos a quienes les basta un invierno para olvidar el agobio de esos días atroces, sostienen que “esas nubes darán agua esta misma noche” o, en el peor de los casos, “no pasará de mañana”. Bandos tan irreductibles y tan apriorísticos como los que sostienen que “este país está liquidado” y los que dicen que “saldremos adelante porque siempre aquí hay grandes reservas”. En resumen: las tormentas de Buenos Aires dividen a sus habitantes como las tormentas de verano en cualquier otra ciudad actual del mundo: en pesimistas y optimistas. División que (como le explicaba Bruno a Martín) existe a priori, haya o no tormentas de verano, haya o no calamidades telúricas o políticas; pero que se hace manifiesta en esas condiciones como la imagen latente en una placa con el revelado. Y (también le decía), aunque eso es válido para cualquier región del mundo donde haya seres humanos, es indudable que en la Argentina, y sobre todo en Buenos Aires, la proporción de pesimistas es mucho mayor, por la misma razón que el tango es más triste que la tarantela o la polca o cualquier otro baile de no importa qué parte del mundo. La verdad es que esa noche llovió intensa y furiosamente, batiendo en retirada al bando de los pesimistas; en retirada momentánea, claro, porque nunca este bando se retira del todo y jamás admite una derrota definitiva, pues siempre puede decir (y dice) “veremos si de verdad refresca”. Pero el viento del sur fue aumentando su intensidad a medida que llovía, trayendo ese frío cortante y seco que viene desde la Patagonia, y ante el cual los pesimistas, siempre invencibles, por la naturaleza misma del pesimismo, pronuncian fúnebres presagios de gripes y resfríos, cuando no de pulmonías “porque en esta ciudad maldita uno no puede saber cuando sale al centro desde la mañana, si debe llevarse sobretodo (a pesar del calor) o traje liviano (a pesar del frío)”. De modo que, sostienen, los pobres diablos que viven en los suburbios, a una hora de tren y de subterráneo de sus oficinas, están siempre amenazados por los peligros del frío repentino o por las incomodidades de un calor húmedo e insoportable. Idea que Bruno resumía diciendo que en Buenos Aires no hay clima sino dos vientos: norte y sur.

*Sobre Heroes y Tumbas, cap XI, E.Sabato, 1961


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